2011/05/25

Como un spoiler afecta un visionado. O como no.

Antes de nada, debo decir que yo soy bastante anti-spoiler. No me gusta ver ni los trailers de próximas temporadas o episodios. Si, siempre corro a quitar el episodio cuando al acabar sale el preview del siguiente, y definitivamente tampoco me es dificil pasar por delante de multitud de trailers y no dudar de si darle al play, aconstrumbrada como estoy ya a no hacerles el mínimo caso. Intento llegar los más virgen posible al visionado o lectura de cualquier cosa. Pero en el mundo tan altamente tecnológico de ahora, quién no quiera comerse ni el más mínimo spoiler sólo puede hacerlo viviendo recluido en una cueva, así que más de una vez he maldecido a alguien con la boca (o la mano) más suelta de lo habitual. Sé que debo lidiar con ello, y al final lo acepto, pero eso no quiere decir que a primeras no me resulte bastante molesto. 


Me fastidia que el profesor de turno cuente el final de cualquier obra literaria, porque prefiero ir con la intriga de saber que pasará, con quién acabará liándose Pepita o quién sea. Me fastidia que hasta el título de un capítulo te pueda desvelar por dónde van los tiros, o que al empezar un episodio, el nombre de cierta persona del cast me diga que cierto personaje ha regresado a la serie. Me fastidia que digan que tal actor se va de tal serie. Preferiría no saberlo, ver el episodio sin saber absolutamente nada más de lo que me contaron en el anterior. Pero sé que no puedo, y al final termina por no ser tan importante. Que va, en realidad no importa nada. Nada de nada.   


El verdadero valor de cualquier obra, ya sea serie, película, novela o hasta el panfleto de un partido político (bueno no, tampoco exageremos), recae en el camino por el que transcurren hasta llegar al famoso y temido spoiler. A veces los spoilers son una simple excusa para darle algo de vidilla al asunto, atraer a los espectadores más ávidos de actos que de palabras. 


Que me "spoileara" quién moría en la season finale de la tercera temporada de 'Lost' me molestó, (sobretodo porque fue en un foro que poco tenía que ver con Lost), pero aún sabiéndolo no dejé de disfrutar de la que es la finale más emotiva (sí, más que la sexta) de la serie, y además despedí al que poco a poco se convirtió en uno de mis personajes favoritos. Porque lo que contaba en esa finale era ver la redención del personaje; su muerte, sí, pero su muerte de una forma pacífica, habiendo logrado su misión, destino o como quieran llamarlo en la vida. Aunque fuera duro verle morir, había que dejarle marchar. Sobretodo si lo hizo a lo grande. 


Pero dejemos Lost, que es un ejemplo demasiado polémico. Voy a remitirme mejor a Orgullo y Prejuicio, que la vi hace bien poco y salí más que encantada. Antes de acercarme a la miniserie de la BBC del 1995 no había leído la novela y no conocía mucho acerca de su sinopsis, pero no me era difícil averiguar por dónde irían los tiros. Pese a todo lo que trata (muchos temas y con mucha "chicha") Jane Austen en su obra magna, no deja de estar presente el componente amoroso común en este tipo de novelas, y los esquemas básicos que la situación requiere. Pero la capacidad de sorpresa no recae en los giros de guión (que hay alguno), sino en unos personajes reflejo de la época, muy diferentes entre sí, con enormes matices, y que te ofrecen tanto su lado cómico como su lado dramático. Por eso Orgullo y Prejuicio es una obra de un grandísimo valor, aunque obviaríamos también su fantástica factura visual (y, ay, madre mía, que buena es). 


Como iba diciendo, la grandeza de una serie (o de lo que sea, repito) proviene de un guión bien elaborado, sin necesidad de que ocurran multitud de cosas. Es más, sin necesidad de que ocurra particularmente nada especial. El caso más claro de esto yo lo encuentro en Gilmore Girls, que es la serie más cercana a la vida cotidiana (y presumiblemente aburrida) de cada uno de nosotros que he tenido la oportunidad de ver. Lo que la hacia, no grande, sino enorme, eran las conversaciones a la velocidad de la luz entre Lorelai y Rory, el asombroso número de referencias musicales, políticas, literarias o de lo que se terciara, (y que aunque revisiones treinta veces aún habrá alguna que se te escape), las afiladas pullitas de Emily hacía su rebelde hija, o la amplía galería de personajes de Stars Hollow, por citar sólo el 5%. Hacían cosas totalmente cotidianas, pero con una maestría capaz de llevarles a alcanzar siete temporadas sin mostrar signos de agotamiento. Me quito el sombrero, una, dos y todas las veces que hagan falta.


Recuerdo que hace unos años, en tiempos en los que no conocía la palabra spoiler ni la temía (que bonita es la niñez), mi madre me habló de Retorno a Brideshead destripándome lo que ocurría de "pe" a "pa". Pero en vez de estropearme el futuro visionado que haré, lo que consiguió fue incrementar mis ganas de verla, consiguió que mostrara un interés que de haberme dado una vaga sinopsis general probablemente hubiera acabado perdida en el baúl de los recuerdos. Me contó que ocurría, es cierto, pero ahora yo tengo que ver porque ocurre.


Porque al final lo que cuenta no es si el apuesto protagonista se queda a la chica o no, sino los valores morales que tienen a los personajes, los que les llevan a actuar de este modo o este otro, los que les hacen recorrer un camino, a veces largo, a veces corto, hasta su final feliz (o no tanto). Y yo como teleespectadora, prefiero acompañarles en el camino sin conocer el final, pero si por la razón que sea me entero antes, les seguiré igual. Porque si me contarán el final de mi vida ahora mismo, no me quedaría plantada en el sitio, no perdería súbitamente el interés por lo que me pudiera ocurrir mañana al salir de casa, por mucho que tuviera hasta el más mínimo detalle de mi final. 


P.D: Lo repito, que veáis Orgullo y Prejuicio ya, porque cuanto antes lo hagáis, antes podréis revisionarla. Os pueden convencer, por ejemplo, aquí o aquí. No me seáis, y sacad un rato ahora en vacaciones.