2011/04/10

Series gatunas: Doraemon, el gato cosmico


Si en los 70 era la señora (quién no pensaba que era una tía en vez de dos señores diferentes que levante la mano) Hannah Barbera poblaba los televisores españoles (o eso supongo, que no soy tan vieja), en las siguientes décadas fueron las series animadas japonesas quiénes nos tenían a todos super enganchados. Estaban los famosos Pokemon, y los bichos esos de Digimon, las múltiples series de Oliver Atom y su pandilla, ídem con Dragon Ball (Z, GT y todo el abecedario)… Yo de las anteriores, sólo veía a Oliver y Benji (lo mío con el fútbol viene de lejos), que quién no se tragaba debía de ser un verdadero bicho raro. Yo tampoco veía las típicas películas Disney (ni Dumbo, ni Bambi, ni La Sirenita…, y El Rey León la vi el mes pasado), ni me acuerdo que hacía en mi infancia, pero perder el tiempo delante de la TV creo no mucho. No es culpa mía, siempre he sido de levantarme tarde (aunque los gustos cambian y ahora cuando antes, mejor) y cuando por fin estaba en pie lo único que quedaba de dibujos animados en la tele eran los programas del corazón. En fin, otra serie que echaban mucho (o al menos eso recuerdo yo) y que legaba a ver era Doraemon, el gato cósmico.

Como suelen dar entre los japonenses, era una adaptación de un manga publicado originalmente en 1969, y que seguía las aventuras terrestres de Doraemon, un gato robot (como el de Sabrina pero menos espeluznante, más que nada porque eran dibujos animados) que venía del futuro para ayudar al bobo de Nobita, un niño torpe, despistado, bastante gilipollas por naturaleza… y que sufría bullying por parte de los bestias de “Gigante” y Tsuneo. Y luego estaban los padres de Nobita, que tenían que aguantar sus paridas monumentales, y acababan hasta la coronilla de todo. Realmente ¿quién no?, que es niño era muy pesado…

El gato este, aparte de cósmico, tenía un bolsillo mágico equiparable al bolso de Mary Poppins, aunque la señora, como que tiene más estilo. Lo que sea, que el gato se sacaba de todo, siempre cosas futurísticas, que se suponía que debían ayudar a Nobita en sus ideacas maravillosas para librase de Gigante y Tsuneo y enamorar a Shizuka (la chica guapa y tierna obligatoria en todas las series) pero que culminaban en desastre, azotes en el culo y el gato cósmico sermoneando. 

Doraemons de imagen real

Además, Doraemon tenía una hermana llamada Dorami, que encima también tenía otro bolsillo mágico (si Mary Poppins lo hubiese sabido le habría puesto Copyright a su bolsaco). Es lo que se dice una empresa familiar.

Para más inri, la canción del final era unas de las cosas más cursis del mundo mundial, pero todos la cantábamos cuando salía (en realidad, más bien a media, nunca me supe la letra bien), así éramos los niños.


Por cierto, ahora que lo pienso, ¿no os da la sensación de que en la canción estaban un poco fumados?
P.D: Que la entrada anterior fue la 100 y no dije nada. Pero tampoco hay mucho que decir, sólo que no pensé que por fin encontrara un tema lo suficientemente interesante para escribir regularmente en un blog. Tenía que haberme hecho seriéfila antes.